El Centro Como Eje: ¿Puede Fajardo Lograr la Coyuntura y Ganar la Presidencia?

La reciente encuesta INVAMER de noviembre, confirmó que Sergio Fajardo no solo mantiene su base en el centro, sino que emerge como el candidato más competitivo para disputar la Presidencia en una segunda vuelta contra el oficialista Iván Cepeda o en su defecto con De la Espriella.

Este potencial, sin embargo, depende de que Fajardo logre una coyuntura política y discursiva que lo ha eludido históricamente.  La clave de las alianzas es prioritaria en especial por la cantidad de candidatos, si logra unificar el “Centro Amplio”, la posibilidad de Fajardo de llegar a la segunda vuelta pasa por ser el eje de una Gran Coalición que aglutine desde el centro-izquierda moderado hasta el centro-derecha, sin que esto signifique que ese proceso lo lideren los expresidentes Uribe y Gaviria.

Existe una necesidad estratégica y lo demuestran las encuestas, que Fajardo tiene el «techo» más alto en un balotaje, derrotando a la ultraderecha (De la Espriella) y llegando al empate técnico con la izquierda (Cepeda), pero necesita explotar este potencial, superar el 8.5% que le otorga INVAMER en primera vuelta, atrayendo los votos de candidatos menores y descontentos de otros partidos. En este panorama deberá seducir a las bases del centro-izquierda desilusionadas con el Pacto Histórico, al centro-centro que busca estabilidad y experiencia, y a la centro-derecha pragmática que prefiere una opción moderada antes que la radicalidad de De la Espriella.

El desafío discursivo lo enfrenta históricamente ha dejar de ser «El tibio de siempre», su mayor obstáculo no es ideológico, sino de percepción, la etiqueta de indeciso, desincentiva al electorado que busca liderazgo fuerte. Tiene que afinar el mensaje y definir su postura política con claridad en temas cruciales como seguridad, reformas sociales y económicas y demostrar la firmeza necesaria para gobernar en un país polarizado; con reuniones técnicas o focus group nunca lo va a lograr.

Con liderazgo su narrativa deberá equilibrar su reconocida prudencia técnica con una visión audaz de cambio. Esto implica confrontar a sus opositores cuando sea necesario, evitando la imagen de estar siempre «por encima de la pelea». La ambigüedad en momentos críticos le ha costado votos en el pasado; ahora necesita un mensaje directo y movilizador.

Los riesgos de las alianzas con partidos desgastados de derecha, buscando unir fuerzas tradicionales con alta desfavorabilidad puede ser una espada de doble filo, muy a pesar de que puedan aportar una base electoral dura que busca una alternativa diferente a De la Espriella, como aliarse con el centro democrático que tiene un alto desgaste, puede contaminar la imagen de independencia de Fajardo, alienando al voto de centro-izquierda y de los jóvenes.

En el caso del Partido Liberal podría ofrecerle una maquinaria en algunas regiones y líderes locales. Su imagen está percibida como oportunista y desgastada, vinculado a la política tradicional que el electorado de Fajardo a menudo rechaza.

La alianza debe ser con sectores y líderes específicos, no necesariamente con las directivas partidarias desgastadas, para sumar estructura sin sacrificar credibilidad.

Con Gustavo Petro, aunque el apoyo fue a la institución presidencial con el tema de la Lista Clinton, la cercanía histórica de Fajardo con la centro-izquierda lo compromete. En una segunda vuelta contra Cepeda, el oficialista explotará cualquier ambigüedad, intentando ubicar a Fajardo como un candidato que, en esencia, es afín a Petro.

Fajardo deberá marcar una línea clara de oposición al oficialismo, destacando sus diferencias programáticas y de manejo estatal, a la vez que mantiene su discurso de no polarización. Un exceso de cercanía puede desmovilizar el voto anti-Petro, fundamental para su victoria.

Hablando del factor Anti-Petro, Fajardo deberá ser el receptáculo natural del voto de rechazo al continuismo del Pacto Histórico. Su triunfo en segunda vuelta estará supeditado a que los sectores de derecha, que en primera vuelta votaron por otros candidatos, lo vean como la única alternativa viable para evitar el triunfo de Cepeda, a pesar de sus reservas ideológicas. La motivación del electorado anti-Petro debe canalizarse efectivamente hacia él.

Otro aspecto que deberá definir el impulso territorial y de gestión, será su experiencia como exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín como su mayor activo. Fajardo debe concentrar su campaña en demostrar resultados concretos de gestión y proponer un modelo de país basado en la ejecución técnica y la lucha contra la corrupción, atrayendo a los votantes cansados de la ideología y la politiquería. La confianza en su capacidad administrativa es un poderoso motor de votos.

Antonio Talavera T / Consultor político